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Elegí ser madre con todas las consecuencias.





Yo también soy madre y a diferencia de lo que estos días se dice en las redes sociales ser madre no me restó calidad de vida, simplemente cambió mi vida.

Quede claro que escribo este post, no habiéndome quedado solo con el titular de la noticia, si no habiéndola escuchado entera.

Claro que las madres tenemos derecho a quejarnos, en qué momento se dijo lo contrario. Como personas tenemos derecho a quejarnos de la misma manera que tenemos derecho a quejarnos del matrimonio, de la familia, de los compañeros del curro o de los políticos. Creo que quejarse es algo natural y necesario dentro de la condición humana.


Yo elegí ser madre porque quise vivir esa experiencia, y no necesité carrera alguna ni leer foros para saber que no sería fácil, que mi vida cambiaría y que yo misma lo haría.

Seamos sinceras; todas somos hijas, hermanas o sobrinas y hemos visto lo que ser madre supone, no entiendo que a nadie le venga ahora de nuevo.

Yo no me considero una mala madre por estar deseando que lleguen las diez de la noche y que mis hijas se duerman para tener unas horas para mí, ni cuando quiero que termine el periodo vacacional y vuelvan al colegio o cuando los sábados reniego si se despiertan pronto porque quiero quedarme en la cama hasta las diez. Del mismo modo no me consideré mala madre cuando durante meses debía amamantar a mi hija cada hora y media y eso hacía que llorara desconsolada pidiendo dormir. Me quejaba porque soy humana, porque si no tengo cubiertas mis necesidades vitales protesto como todo ser humano. Pero siempre fuí consciente que los inicios serian duros, y es cierto que el primer año todo es un caos, que dejas de tener vida y espacio. Ningún comienzo fue fácil, pero después los años van dando independencia a tu retoño y tú poco a poco comienzas a recuperar parte de tu espacio, sin darte cuenta vuelves a poder plancharte el pelo y darte una ducha de más de diez minutos. Hasta algún sábado puedes darte el lujo de levantarte a las diez. Con ello llegan las noches que vuelves a dormir de tirón y entonces miras hacia tras y das por bueno todo lo pasado.





Yo soy mucho más feliz ahora, que antes de ser madre, también tengo más angustias y problemas. Pero ser madre me hizo cambiar, me hizo menos egoísta y más generosa. Eso no quiere decir que si no eres madre no lo seas. Yo respeto y admiro a las mujeres que decidieron, como mi amiga Cris, que la maternidad no entraba dentro de sus planes. Tengo amigas que no son madres y son tan felices en sus vidas como lo soy yo.

Porque ser madre, no es una moda, no es la solución a un problema de pareja, no es un hándicap para ser feliz. La maternidad es una opción de vida, una decisión voluntaria que como todo tiene cosas buenas y cosas malas, pero que en mi caso volvería a repetir con los ojos cerrados.

Me gusta saber que existen dos personas que me necesitan, me quieren y dependen de mi emocional y físicamente. Disfruto compartiendo con ellas momentos únicos aunque en ocasiones me cuestione porque no me dediqué a viajar y vivir mi vida.

 No concibo mi vida sin ellas y nunca jamás diré que sea fácil, pero desde luego es emocionante y enriquecedor.


Y es que no existen buenas ni malas madres, tan solo existen mujeres capaces de sobrevivir como mejor pueden o las dejan.


Ahora ya sabéis lo que esta mariposa opina del tema y estaré encantada de que me digas tu opinión. En los debates se aprenden cosas muy interesantes.

Como siempre te digo; gracias por revolotear por la buhardilla. Y no olvides que este blog vive de tus visitas y que tus comentarios me hacen feliz y me demuestran que no estoy sola frente a la fría pantalla del ordenador.



Besos de mariposa.