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¿Qué es ser madre? Posiblemente la labor más importante y la menos gratificante.

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No llego a entender cómo algo tan natural como ser madre y educar a unos hijos, da la sensación de que se está convirtiendo en una carrera de fondo, en un tener que demostrar quién es mejor y licenciarse con nota.

Existen madres mejores y peores, por descontado, pero ¿dónde se encuentra ese baremo para medir que madre es mejor que otra?


Hasta donde yo sé, nuestra madre es única e irrepetible. Cada cual adora a la suya de la misma manera que no la soporta cuando llega a la adolescencia y que luego vuelve a amar, más si cabe, en la edad adulta.



Excepciones las hay como es lógico, pero lo más normal es que así suceda.


Pero es como si no bastara y hubiera que demostrar mucho más. 


Sin darnos cuenta, nosotras mismas nos ponemos un listón tan alto que, en el camino por conseguirlo, nos olvidamos de dos cosas muy importantes: Nos olvidamos de nosotras mismas, y de disfrutar de momentos irrepetibles que se nos escapan al estar tan centradas en ser la mejor mamá del mundo mundial.


A todo esto, ¿qué es madre? Según definición de la Rae: “Mujer que ha tenido uno o más hijos”. Parece que está bien claro, luego ya están las que son mejores o peores, más o menos listas, más egoístas o menos. Pero eso va en función de la personalidad de la persona y nada tiene que ver en tener hijos o no tenerlos.






Pues bien, revoloteando por Internet me encuentro una noticia en el periódico digital El País que me sorprende, y que creo que explica muy bien esta moda por conseguir ser nombrada madre modelo.


En la noticia se habla de la campaña puesta en marcha en las redes sociales para conseguir que la Rae (Real Academia de la Lengua) cambie la definición de la palabra madre


Captan mi atención y sigo leyendo para darme de bruces con esta explicación; "Dónde se han dejado el amor incondicional y desmedido, la entrega absoluta sin condiciones, la ternura, el consuelo o esos abrazos sanadores que solo saben dar las madres", señala Sara Carbonero en un vídeo difundido en su cuenta de Instagram.



Y es en ese preciso instante donde me cuestiono todo esto: 
¿De verdad se debería de cambiar la definición que la palabra madre lleva teniendo desde siempre, por esta dilucidación que para algunos resultará machista por seguir dejando a la mujer en una posición de entrega por encima de su propio yo? ¿De verdad creen que todas las madres se acercan a ese ideal? Qué pasa entonces con las madres que no procesan amor incondicional y desmedido, con las que no son tiernas y sí maltratadoras. Qué pasa entonces. ¿Esas no son madres de igual modo?

Además, que una definición así lleva un mensaje que no resulta favorecedor para la madre como mujer, un ser que no solo es madre en la vida, sino que es una persona con sueños, ideales y vida propia. 


Y lo que más me llama la atención de todo esto, es que quienes promueven estas campañas son madres porque han tenido hijos, pero posiblemente no vivan ni de lejos situaciones adversas, pues tendrán ayuda para criarlos y, claro, quizás así es mucho más sencillo ser madre ideal sin dejar de lado los sueños y aspiraciones de una.


Seguramente, ni se han parado a pensar lo qué es ser madre cuando no se llega a fin de mes, cuando existen problemas de salud, cuando quizás vives con un acosador que te humilla y maltrata. Posiblemente, en esas circunstancias, no es fácil ser la mamá perfecta que te sonríe y te acuna. 


Y son estas campañas y frases las que hacen que las mujeres vivan la maternidad como una carrera de fondo y se olviden de lo fundamental; de ellas. 


¡Ojo! Que un hijo es muy importante, pero si tú no estás bien contigo misma, nunca podrás transmitirle a tu hijo ese bienestar. 








Y es que, mis mariposas-lectoras, la vida no es una serie de televisión ni una bonita campaña publicitaria. La vida en ocasiones, es un chiste malo del que nos tenemos que reír sin apenas tener ganas.



Yo más que cambiar la definición de la palabra en sí, prestaría atención a cómo ayuda la sociedad a esas mujeres que decidieron ser madres, pero que no quieren perpetuar su existencia en esa única labor. 


Porque no debemos olvidar que la responsabilidad de la felicidad y la educación de un hijo, en la mayoría de los casos, debería ser cosa de dos. Digo yo que el padre también debería tener algo que aportar. 





Espero que os guste esta reflexión. Siempre os recuerdo que me encantará saber vuestras opiniones y sobre todo sería genial que se abriera un debate sobre este tema que de un modo u otro nos afecta a todos. Tus 💬 son esperados.